La música
de la República Checa es famosa sobre todo por dos formas concretas
de expresión.
Una es la de la música clásica a la que el pueblo checo ha aportado destacados compositores (Dvórak, por ejemplo).
La otra es la danza folklórica conocida como polka (no confundir con la polska, de origen polaco y muy presente en Suecia y otros países escandinavos, aunque seguramente están relacionadas y de hecho la República Checa y Polonia son territorios adyacentes). La polka checa surgió en la región de Bohemia a mediados del siglo XIX. Conoció una gran popularidad en Centroeuropa, luego en todo el continente europeo y Rusia, y más tarde se expandió a América donde influyó en músicas como la mexicana o la del sur de EEUU. Se ha convertido en la danza que representa internacionalmente a los checos, tal como la mazurca a los polacos, el tango a los argentinos, el vals a los austríacos y alemanes o la tarantella a los italianos, y forma parte del repertorio de muchos grupos de música tradicional.
Sin embargo, junto a estas formas musicales bien conocidas la República Checa alberga otra menos famosa pero igualmente interesante. Es la música de la llamada Silesia Checa, en la frontera con Polonia, y que junto con su homónima polaca conforma la región histórica de Silesia. Su música tiene gran parentesco con la de Polonia y su dialecto checo está muy próximo al polaco (también hay que decir que el checo, el polaco y otros idiomas eslavos son en general muy similares entre sí y mutuamente inteligibles).
Todo
esto para explicar que el primer documento de este blog es una bella
canción de amor tradicional de la Silesia Checa interpretada por el
grupo de Praga Cechomor, veterana formación pionera en fusionar el
folk checo con el rock y que, a modo de curiosidad, era uno de los
grupos favoritos del difunto Vacláv Havel, primer presidente de la
República Checa y pieza clave de la llamada Revolución de
Terciopelo y el fin del régimen comunista de Checoslovaquia.
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