martes, 28 de enero de 2014

Samurais revolucionaos

La voz es mi instrumento favorito. Me gusta mucho la música cantada, sola o en compañía de instrumentación. Más aún dentro de un género, el folk, que se asocia demasiado al tópico de violines, acordeón, gaita y tal.

Pero también adoro la música 100% instrumental, por supuesto.

Existe en el mundo (y dentro de cada folklore musical específico) una enorme diversidad de sonidos. Los anglosajones y afroamericanos han abierto puertas enriqueciendo y renovando la música popular, pero también la han encorsetado. Desaparecen así las singularidades culturales. Muchos oyentes no conciben que la "música pop" pueda ser otra cosa que una formación guitarra-batería-teclado siguiendo los ritmos y patrones de la música norteamericana.

Por ello se agradece escuchar a músicos que beben de su tradición y la proyectan hacia el futuro, y que además lo hacen bien, respetando las raíces y a la vez con espíritu decididamente moderno.

Un ejemplo son los Yoshida Brothers: dos hermanos japoneses que mezclan música japonesa y rock. ¿WTF? Parece surrealista. Pero la alquimia está hecha con solvencia.

Los Yoshida Brothers son intérpretes de shamisen, especie de guitarra o laúd de largo mástil, caja cuadrada y tres cuerdas, que se toca usando un plectro. Empezaron tocando tsugaru-jamisen, uno de los estilos para shamisen más típicos en Japón, surgido en Aomori (norte de la isla de Honshu). Se caracteriza por su ritmo ágil, virtuosismo y carácter percusivo, ya que el plectro golpea la caja del instrumento cada vez que toca una cuerda. Además se emplea un shamisen grande y con cuerdas endurecidas. El sonido resultante, bastante enérgico, invita a ser mezclado con ritmos occidentales y eso fue precisamente lo que se les ocurrió a los Yoshida. 

El resultado impresiona. Me recuerda al banjo, instrumento con cierto parecido al shamisen. El uso de formas occidentalizadas y ritmos acelerados inevitablemente te recuerda al bluegrass. Pero lo mejor es apreciar cuán bien mezclada está la música japonesa, reteniendo toda su personalidad, con las formas, escalas y ritmos occidentales. Esto diferencia las buenas fusiones de las no tan buenas: las buenas toman lo mejor de cada estilo y lo llevan a un nuevo terreno; las malas degradan y empobrecen a todos ellos.

Disfrutad de la buena interpretación, la riqueza de matices, la perfecta unión de dos mundos. Folk de lujo desde el Imperio del Sol Naciente.

Curiosidad: el tema de los Yoshida Brothers "Kodo" apareció en los spots que anunciaban la consola Wii en Estados Unidos.













lunes, 27 de enero de 2014

Canciones de beber

En Europa el consumo social de alcohol (tabernas, festividades, reuniones familiares, brindis) se ha acompañado con frecuencia de canciones folklóricas específicamente destinadas a ello. Su tono suele ser jocoso e irónico, con letras cargadas de doble sentido, ensalzando de forma irreverente al placer de la bebida.

No siempre se usa una canción propia para ese acto, a veces simplemente es una canción folklórica famosa sin relación con la bebida, un ejemplo es el típico Asturias Patria Querida. Por contra, en los países nórdicos hay canciones de beber exclusivas para las distintas celebraciones del año: una para Navidad, otra para la noche de San Juan, etc.

El primer registro histórico conocido de una canción de beber procede ni más ni menos que del Carmina Burana, un manuscrito del siglo XI con poemas de corte mundano y satírico, hallado en el monasterio benedictino de Benediktbauern (Baviera, Alemania) y cuyos textos musicaría Carl Orff nueve siglos después.


Este tema, interpretado por el popular grupo de folk-rock de la Bretaña francesa Tri Yann, tiene autor conocido: Gabriel Bataille (1575-1630), compositor de cantos polifónicos (airs de cour) satíricos y tañedor de laúd.

La letra tiene miga:

Qui veut chasser une migraine
N'a qu'à boire toujours du bon
Et maintenir la table pleine
De cervelas et de jambon

Estribillo:

L'eau ne fait rien que pourrir le poumon
Boûte, boûte, boûte, boûte compagnon
Vide-nous ce verre et nous le remplirons (x2)

Le vin goûté à ce bon père
Qui s'en rendit si bon garçon
Nous fait discours tout sans grammaire
Et nous rend savant sans leçon


Loth, buvant dans une taverne
De ses filles enfla le sein
Montrant qu'un sirop de taverne
Passe celui d'un médecin

Buvons donc tous à la bonne heure
Pour nous émouvoir le rognon
Et que celui d'entre nous meurt
Qui dédira son compagnon

Traducción:

Quién quiera atrapar una migraña
Sólo tiene que beber bien
Y mantener la mesa repleta
De salchichas y de jamón

El agua no hace más que pudrir el pulmón
Botella, botella, botella, compañero
Danos ese vaso y lo rellenaremos

El vino gusta al buen padre
Y le hace ser buen chico
Damos discursos sin gramática
Y nos hace sabios sin lección

Lot, bebiendo en la taberna
De sus hijas infló el pecho
Mostrando un jarabe de taberna
Puedes pasar por un doctor

Bebamos pues en esta buena hora
Demos movimiento al riñón
Y que uno de nosotros muera
Por él brindará su compañero


Este tema, Son ar Chistr ("la canción de la sidra"), está cantado en la lengua nativa de la Bretaña francesa, el bretón. Idioma de la familia céltica cuyo origen está en comunidades de viajeros procedentes de las islas británicas (donde se hablaban y aún se hablan hoy lenguas célticas) que emigraron al continente y se instalaron en la península armoricana. El bretón ha convivido siempre con el francés recibiendo de él muchos préstamos. Pero su futuro peligra. Apenas unas décadas atrás estaba al borde de la extinción. Hoy goza de un renacimiento como signo de identidad aunque su uso real es, por desgracia, minoritario.

El intérprete es Alan Stivell, máximo "culpable" de eso que se ha dado en llamar "música celta", un batiburrillo con aspectos tanto positivos como negativos donde se mezclan la reivindicación de lenguas y folklores hasta entonces despreciados de ciertos territorios del arco atlántico (Escocia, Irlanda, Bretaña, Galicia, Asturias), la actualización de dichos sonidos a través del pop y el rock, y un cierto falseamiento debido a tomar la música gaélica (irlandesa y escocesa) como espejo o modelo, en vez de guardar fidelidad a las respectivas raíces musicales de Bretaña y el Cantábrico peninsular.

Yo acepto que esta moda, pues tiene mucho de eso, sirvió para recuperar identidades dormidas pero también las ha desvirtuado. Romanticismo del Señor de los Anillos y dependencia excesiva de los dictados anglosajones. Eso no me impide gozar con los productos musicales creados bajo esa etiqueta. Muchos son de gran calidad (junto a mucha mierda también) como el propio Stivell.

Stivell es compositor y multi-instrumentista, pero sobre todo es un excelente arpista. En los 90 creó el arpa irlandesa eléctrica.

El tratamiento por parte de Stivell de este canto de taberna es buen ejemplo tanto de su calidad indiscutible como de los moldes "celtas" por los que hizo pasar al folklore bretón. Omnipresencia del arpa (instrumento de Irlanda y no de Bretaña) y una clara influencia de la música irlandesa en general.


Y finalmente, tras el "embrujo celta" nada mejor que refrescarse con un canto de borrachos castizo. Folklore castellano en bruto, sin cuernos vikingos, ni bardos élficos, ni hostias. El grupo salmantino Mayalde recupera cantos populares de la ciudad manchega y los interpreta tal cual. Con sencillez. Cosa muy legítima y muy sana.

Cechomor: Jozef, moi kochany



La música de la República Checa es famosa sobre todo por dos formas concretas de expresión.

Una es la de la música clásica a la que el pueblo checo ha aportado destacados compositores (Dvórak, por ejemplo).

La otra es la danza folklórica conocida como polka (no confundir con la polska, de origen polaco y muy presente en Suecia y otros países escandinavos, aunque seguramente están relacionadas y de hecho la República Checa y Polonia son territorios adyacentes). La polka checa surgió en la región de Bohemia a mediados del siglo XIX. Conoció una gran popularidad en Centroeuropa, luego en todo el continente europeo y Rusia, y más tarde se expandió a América donde influyó en músicas como la mexicana o la del sur de EEUU. Se ha convertido en la danza que representa internacionalmente a los checos, tal como la mazurca a los polacos, el tango a los argentinos, el vals a los austríacos y alemanes o la tarantella a los italianos, y forma parte del repertorio de muchos grupos de música tradicional.

Sin embargo, junto a estas formas musicales bien conocidas la República Checa alberga otra menos famosa pero igualmente interesante. Es la música de la llamada Silesia Checa, en la frontera con Polonia, y que junto con su homónima polaca conforma la región histórica de Silesia. Su música tiene gran parentesco con la de Polonia y su dialecto checo está muy próximo al polaco (también hay que decir que el checo, el polaco y otros idiomas eslavos son en general muy similares entre sí y mutuamente inteligibles).


Todo esto para explicar que el primer documento de este blog es una bella canción de amor tradicional de la Silesia Checa interpretada por el grupo de Praga Cechomor, veterana formación pionera en fusionar el folk checo con el rock y que, a modo de curiosidad, era uno de los grupos favoritos del difunto Vacláv Havel, primer presidente de la República Checa y pieza clave de la llamada Revolución de Terciopelo y el fin del régimen comunista de Checoslovaquia.