En Europa el consumo social de alcohol (tabernas, festividades, reuniones familiares, brindis) se ha acompañado con frecuencia de canciones folklóricas específicamente destinadas a ello. Su tono suele ser jocoso e irónico, con letras cargadas de doble sentido, ensalzando de forma irreverente al placer de la bebida.
No siempre se usa una canción propia para ese acto, a veces simplemente es una canción folklórica famosa sin relación con la bebida, un ejemplo es el típico Asturias Patria Querida. Por contra, en los países nórdicos hay canciones de beber exclusivas para las distintas celebraciones del año: una para Navidad, otra para la noche de San Juan, etc.
El primer registro histórico conocido de una canción de beber procede ni más ni menos que del Carmina Burana, un manuscrito del siglo XI con poemas de corte mundano y satírico, hallado en el monasterio benedictino de Benediktbauern (Baviera, Alemania) y cuyos textos musicaría Carl Orff nueve siglos después.
Este tema, interpretado por el popular grupo de folk-rock de la Bretaña francesa Tri Yann, tiene autor conocido: Gabriel Bataille (1575-1630), compositor de cantos polifónicos (airs de cour) satíricos y tañedor de laúd.
La letra tiene miga:
La letra tiene miga:
Qui veut chasser une migraine
N'a
qu'à boire toujours du bon
Et maintenir la table pleine
De
cervelas et de jambon
Estribillo:
L'eau ne fait rien que pourrir le poumon
L'eau ne fait rien que pourrir le poumon
Boûte, boûte, boûte, boûte compagnon
Vide-nous ce
verre et nous le remplirons (x2)
Le vin goûté à ce bon père
Qui s'en rendit si bon garçon
Nous fait discours tout sans grammaire
Et nous rend savant sans leçon
Le vin goûté à ce bon père
Qui s'en rendit si bon garçon
Nous fait discours tout sans grammaire
Et nous rend savant sans leçon
Loth,
buvant dans une taverne
De ses filles enfla le sein
Montrant
qu'un sirop de taverne
Passe celui d'un médecin
Buvons
donc tous à la bonne heure
Pour nous émouvoir le rognon
Et
que celui d'entre nous meurt
Qui dédira son compagnon
Traducción:
Quién quiera atrapar una migraña
Sólo tiene que beber bien
Y mantener la mesa repleta
De salchichas y de jamón
El agua no hace más que pudrir el pulmón
Botella, botella, botella, compañero
Danos ese vaso y lo rellenaremos
El vino gusta al buen padre
Y le hace ser buen chico
Damos discursos sin gramática
Y nos hace sabios sin lección
Lot, bebiendo en la taberna
De sus hijas infló el pecho
Mostrando un jarabe de taberna
Puedes pasar por un doctor
Bebamos pues en esta buena hora
Demos movimiento al riñón
Y que uno de nosotros muera
Por él brindará su compañero
Este tema, Son ar Chistr ("la canción de la sidra"), está cantado en la lengua nativa de la Bretaña francesa, el bretón. Idioma de la familia céltica cuyo origen está en comunidades de viajeros procedentes de las islas británicas (donde se hablaban y aún se hablan hoy lenguas célticas) que emigraron al continente y se instalaron en la península armoricana. El bretón ha convivido siempre con el francés recibiendo de él muchos préstamos. Pero su futuro peligra. Apenas unas décadas atrás estaba al borde de la extinción. Hoy goza de un renacimiento como signo de identidad aunque su uso real es, por desgracia, minoritario.
El intérprete es Alan Stivell, máximo "culpable" de eso que se ha dado en llamar "música celta", un batiburrillo con aspectos tanto positivos como negativos donde se mezclan la reivindicación de lenguas y folklores hasta entonces despreciados de ciertos territorios del arco atlántico (Escocia, Irlanda, Bretaña, Galicia, Asturias), la actualización de dichos sonidos a través del pop y el rock, y un cierto falseamiento debido a tomar la música gaélica (irlandesa y escocesa) como espejo o modelo, en vez de guardar fidelidad a las respectivas raíces musicales de Bretaña y el Cantábrico peninsular.
Yo acepto que esta moda, pues tiene mucho de eso, sirvió para recuperar identidades dormidas pero también las ha desvirtuado. Romanticismo del Señor de los Anillos y dependencia excesiva de los dictados anglosajones. Eso no me impide gozar con los productos musicales creados bajo esa etiqueta. Muchos son de gran calidad (junto a mucha mierda también) como el propio Stivell.
Stivell es compositor y multi-instrumentista, pero sobre todo es un excelente arpista. En los 90 creó el arpa irlandesa eléctrica.
El tratamiento por parte de Stivell de este canto de taberna es buen ejemplo tanto de su calidad indiscutible como de los moldes "celtas" por los que hizo pasar al folklore bretón. Omnipresencia del arpa (instrumento de Irlanda y no de Bretaña) y una clara influencia de la música irlandesa en general.
Y finalmente, tras el "embrujo celta" nada mejor que refrescarse con un canto de borrachos castizo. Folklore castellano en bruto, sin cuernos vikingos, ni bardos élficos, ni hostias. El grupo salmantino Mayalde recupera cantos populares de la ciudad manchega y los interpreta tal cual. Con sencillez. Cosa muy legítima y muy sana.
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